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Buenos Consejos pretende hacer frente a esta necesidad de orientación publicando consejos diariamente y haciendo posible que cualquier persona, desde la comodidad y privacidad de su hogar, pueda contar un consejero en línea preparado para brindarle toda la ayuda necesaria para resolver sus problemas personales.

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miércoles, julio 19, 2006

Consultanos

Hola a todos los amigos:

Antes que nada quisieramos agradecerles todos sus comentarios y la confianza que nos brindan. Les tenemos una buena noticia, ya estamos nuevamente dando consulta, para obtener una haz click aquí:

http://articulo.mercadolibre.com.mx/MLM-13630159-orientacion-profesional-pareja-dinero-exito-familia-_JM

Estamos para servirle, recuerda que no estás sólo

Escrito por El Consejero a las 5:21 p.m. |

domingo, diciembre 18, 2005

¿ERES CODEPENDIENTE?

¿Sueles sentirte responsable por las acciones y conductas de otros? ¿A menudo te sientes culpable por tus reacciones o comportamientos? ¿Caes fácilmente en los chantajes de los demás, sientes culpa y, al mismo tiempo, sientes que no te dejan ser tú mismo y vivir tu vida? ¿Te asaltan constantemente la confusión, la duda y la inseguridad sobre tus propias opiniones, juicios y posturas sobre ciertas situaciones y personas, perdiendo la confianza en ti mismo(a)? ¿Crees que tu bienestar depende en gran parte de las situaciones, conductas y opiniones de otros?

Si respondiste afirmativamente a dos o más preguntas es muy probable que tengas rasgos o una personalidad CODEPENDIENTE.

¿Qué es la Codependencia? Es una de las tres formas básicas de relación con las personas. Éstas son: Independiente, Interdependiente y Codependiente.

Las relaciones codependientes son aquellas en que las partes (tú y con quien lleves un tipo de relación así –de ahora en adelante lo llamaremos “el otro”-) no tienen bien definidos los límites de sí mismos. Es decir, no saben o no están conscientes de su individualidad, lo cual obstaculiza la claridad de su campo de responsabilidad, derechos, autocontrol. Así, es prácticamente imposible desarrollar una sana autoestima, auto-confianza, autorrealización y autonomía; por lo que constantemente estás al tanto de lo que hace, dice, piensa, opina y juzga el otro; para tomar estas acciones y actitudes suyas como parámetro para medir-te y definirte. En pocas palabras, codepender significa: depender de que el otro dependa de mí. Esto es de forma bilateral, por supuesto. Es decir, no sólo dependen uno del otro, sino que además, cada uno depende de la dependencia del otro.

Hay distintos niveles de codependencia, así como distinta puede ser la cantidad de situaciones y/ o personas con las cuales codepender.

Por ejemplo, una de las situaciones en donde suele darse un alto grado de codependencia es en el alcoholismo: además de la dependencia al alcohol (por un sin fin de razones y mecanismos psicoemocionales y biológicos que no trataremos aquí), el alcohólico codepende de uno o varios seres queridos, conocidos y circunstancias específicas. ¿Cómo?, ¿por qué?, ¿para qué? Hagamos más sencilla la explicación dejando claro que las necesidades de las cuales se hablará a continuación suelen ser inconscientes; normalmente no se identifican ni se aceptan por los codependientes, pero están siempre presentes en su forma de procesar la información que reciben del entorno y, en consecuencia, en las acciones y reacciones que de ella se generen. Dado este carácter inconsciente, parecerá externamente que están inconformes cuando reciben “del otro” opiniones, órdenes o juicios sobre cómo vivir su vida, pero eso es precisamente lo que están buscando: para tener a quién adjudicar responsabilidades; así, si algo sale mal “es culpa del otro”.
Ahora bien, volviendo al ejemplo anterior, una situación común es cuando uno (o varios) de los familiares del alcohólico se siente culpable y/ o responsable del alcoholismo de su ser querido y muchas de sus actitudes, conductas y relaciones en su vida son afectadas regidas por este sentimiento de culpabilidad; el cual, por cierto, no ha surgido de la nada, Muchas veces es el alcohólico que, ya sea de forma directa o indirecta, ha culpado expresamente a su familiar de sus propios problemas (esto es más factible en hijos o hermanos que, desde pequeños escuchan que ellos, o sus errores o su simple existencia, han afectado al alcohólico, habiéndole inducido a tal adicción). Cuando son la pareja o las amistades los codependientes, suele darse esta relación porque, tal vez, al haber crecido con sentimientos de culpa, por situaciones de cada familia, buscan parejas “necesitadas” que les otorguen la posibilidad de rescatarlas, y así poder, al fin, salvar a alguien, sacándose la espinita de la culpa con la que han cargado toda su vida.

Este puede ser también el móvil de las relaciones conflictivas, o el de buscar relaciones con personas enfermas, generalmente crónicas, con personas muy inmaduras o aparentemente autodestructivas. Es el síndrome del “salvador” o “superhéroe”. Y para que se requiera de un superhéroe hace falta ser una víctima indefensa. ¿Va siendo más claro?
Así, se irán alternando los roles o papeles. Cuando la víctima ha sido rescatada en una situación específica, tanto ella como el salvador están satisfechos, pero un momento después, en ese lapso de clama, pierden sus necesitados roles. El salvador necesita volver a serlo, y la víctima ser rescatada de nuevo. Entonces, como en ese momento no hay conflictos que lo requieran, hay que generarlos. Justo en este breve lapso ambos son víctimas (es aquí donde se da la alternancia): el eterno salvador ahora es una víctima que necesita que la eterna víctima sea ahora el héroe que lo salve, ¿cómo? Necesitándolo... Es momento de generar un conflicto que les devuelva sus poderes. Alguno de los dos –o los dos- se las ingeniará para lograrlo. Esta es la complejísima razón por la cual las relaciones conflictivas son tan fuertes y duraderas.

Como ya se había dicho, hay niveles y formas distintas de relación codependiente. Hay relaciones en las que es muy sutil esta codependencia, en otras es muy fuerte y clara.
Ejemplos de relación en las que puede haber codependencia y cómo se manifiesta:


Ø Hijos – padres - hijos: el reconocimiento, la valoración, la aprobación y aceptación de sus padres lo es todo. En consecuencia, si un padre es frío, despectivo, o incluso agresivo y abusivo, el hijo toma esa información que recibe de sus padres como la ley única y máxima sobre su propio ser: “si papá o mamá no me quiere, es porque no valgo nada”. Obviamente, para todo niño, una sana relación de amor y cuidado con sus padres es fundamental para el sano desarrollo de su individualidad, seguridad y autoestima. Pero hay quienes carecieron de ello en su infancia y lo superaron, otros no: estos se volvieron codependientes, necesitando siempre de alguien que les haga cumplidos constantemente, o de tener al lado a quien los quiera y acepte para, sólo así, no perderse y sentir que valen como seres humanos. Aquí, la codependencia de los padres se manifestaría en la dinámica de (partiendo del supuesto de que todos los padres aman a sus hijos): que al agredir al hijo buscaran hacerlo inseguro para que éste nunca se atreva a irse de su lado y siempre los necesite (el padre es a su vez inseguro y necesita que su hijo lo necesite para sentirse alguien en la vida).


Ø Amigo x – amigo y – amigo x: Cuando uno es el que vive, de forma real o ficticia, en constante conflicto, el otro y sus consejos, defensas, protecciones, etc., son indispensables... para ambos.

Ø Cónyuge agresivo – cónyuge víctima –cónyuge agresivo: Aquí encontramos el típico “pégame pero no me dejes”. Estas relaciones pueden ser mantenidas o soportadas por múltiples factores (económicos, sociales, etc.), y uno es la codependencia: Uno pide ser respetado pero es agredido (golpeado, por ejemplo). El golpeador luego es la víctima sin control que pide perdón al ahora controlador de la situación (el golpeado) para ver si éste decide perdonar... Y así se alternarán los roles y se generará un círculo viciosos dentro del cual se puede mantener una relación así por años, incluso toda la vida.

Las personas que permiten –o hasta buscan- ser agredidas lo hacen por muchas razones, entre ellas: creer que lo merecen (alguien tal vez los ha hecho sentir poca cosa toda su vida, y buscar de adulto una relación así va a fortalecer ese sentimiento de indignidad); se arrepienten por un gran error o maldad cometido tiempo atrás que no pueden superar y buscan quién les haga pagar por ello (para expiar culpas, es como una flagelación); buscan atención y/ o cuidados (ya sea por parte del agresor en sus lapsos de “arrepentimiento” o por otros seres queridos –el objetivo es satisfacer la necesidad de cuidado y protección tal vez escasa en su vida.

Los agresores lo son tal vez por las mismas razones que sus víctimas buscan ser víctimas: buscar en el “arrepentimiento” la compasión de otros, la expiación de culpas, o la necesidad de controlar y dominar a otros (causada por la inseguridad o la noción de incapacidad de autonomía).

Ø Médico – paciente: hay médicos que basan su autoestima y seguridad en el hecho de curar o salvar la vida de todo paciente, incluyendo las ya imposibles. Depositan en cada paciente TODA su razón de ser. Si lo pierden, se pierden por completo. Aquí, el paciente es un codependiente pasivo, indirecto... ésta relación se la otorga simbólicamente el médico. De hecho, “el otro” en la relación de este médico sería la enfermedad, esa posibilidad tangible de la muerte presente en los pacientes.

Ø Estudiante / profesionista – excelencia: las calificaciones, grados, máximos reconocimientos académicos, etc., dictan el valor como ser humano que tiene el estudiante o el profesionista. Le cede el control de su vida y su autoestima al reconocimiento no sólo de los demás, sino desde el puro calificativo escrito en papel. Para ellos todo es blanco o negro, las cosas sólo pueden hacerse bien o mal; si no es un diez es un cero; y así se valoran a sí mismos.

En ambas dinámicas (médicos-pacientes y estudiantes/ profesionistas-excelencia), pareciera que no hay un verdadero codependiente, sino sólo un dependiente. Pero el desenvolvimiento profesional de éstos es dinámico, ellos logran que su trabajo sea inflexible y aislado, es decir, la salvación del paciente y el diez en papel son reflejos únicamente de sus habilidades y capacidades, y no sólo parte de un complejo sistema de probabilidades, posibilidades, situaciones, estados e imperfección totalmente humana. Al depositar -en cosas o personas pasivas e independientes- de ellos todo un significado y correlación directa con su valor personal, generan automáticamente una entidad viviente que los juzga y califica minuto a minuto. Se obligan a sí mismos a depender de un agente externo cuya eficacia o resultado pasa a ser (según ellos) totalmente dependiente de las habilidades profesionales, las cuales son el único elemento que los hace valer como personas. Para que esto quede más claro aún, pongamos el ejemplo del alcoholismo: el alcohólico depende del alcohol, pero codepende del acto de beber. Así, la codependencia no es unilateral, puede ser bilateral o multidireccional, es dinámico y activo, ya sea involucrando a terceras personas o siendo uno mismo con ciertos objetos o elementos cuya relación y consecuencias depende de uno mismo.
Los ejemplos son infinitos, y la complejidad de la codependencia, enorme; por eso, lo que se ha descrito aquí pretende, como primer paso, ayudarte, por un lado, a identificar si te relacionas codependientemente y, por otro, a entender un poco cómo y por qué te manejas así.

En todos los casos que hemos visto aquí, recordemos que los roles se alternan, evidenciando en todos los involucrados prácticamente las mismas necesidades, y satisfaciéndolas de la misma forma pero con conductas aparentemente distintas. Es muy probable que entre la explicación general y los ejemplos específicos te haya surgido una duda y te estés preguntando lo siguiente: “al principio se dijo que los codependientes no son capaces de asumir sus propias responsabilidades y por eso se las adjudican a otros, y en los ejemplos se dice que éstos sienten que no valen nada y que todo es su culpa”... entonces ¿sienten que son culpables de todo o que no lo son de nada?” Esto no te parecerá confuso cuando te des cuenta de dos cosas: que los móviles de origen psicológico pueden operar tanto consciente como inconscientemente, y que los sentimientos de culpa y la responsabilidad no son lo mismo. Los sentimientos de culpa nos los adjudicamos nosotros mismos cuando, inconscientemente, creemos que nos conviene; en cambio, nuestras responsabilidades lo serán siempre, las queramos asumir o no. Cada uno es responsable de sus propios actos, no así de los actos de los demás. Los sentimientos de culpa son eso: sentimientos, y tienen su orígen en múltiples y complejos procesos y razones (muy discutidas por los expertos y, por lo cual, no van a ser analizados esta vez), pero lo importante es que uno puede sentirse culpable por cuanta cosa le de la gana, pero no por eso es responsable de ella. Ejemplo: el típico caso en que un padre se siente culpable porque su hijo de 22 años tuvo un accidente automovilístico, y se dice a sí mismo una y otra vez “no debí dejarlo ir”... Los únicos responsables de eso fueron los conductores (o uno de ellos). Una de las razones por las cuales a las personas –en especial a las codependientes- les atrae el sentimiento de culpa es porque con ella se dan importancia (creen que no valen nada, o muy poco, así que intentan valer algo y ser notadas –aunque sea de forma negativa- a través de intentar convencer a los demás que ellos son protagonistas en la historia. Otra razón es la ya mencionada flagelación; otra más puede ser el enojo, o el querer liberar al otro de sus responsabilidades, intentando protegerlo de ellas.. En fin, pueden ser muchas las razones, una sola o varias al mismo tiempo, pero suelen ser inconscientes. Una persona no funcionará sanamente cuando su interior no es sano: cuando su autoestima es débil, cuando cree que no vale nada y luego trata de darse importancia, pero no podrá soportar esta importancia cuando ve que ella conlleva responsabilidades. Es muy sencillo de entender: las personas incapaces de asumir sus responsabilidades y actuar en consecuencia, siempre intentarán zafarse de ellas y adjudicárselas a otros (esto es imposible, pero así actúan). Nadie es incapaz de ser responsable (todos lo somos de nosotros mismos, por naturaleza), lo que sí es posible es gente incapaz de asumir tal responsabilidad. ¿Quién? Los que creen que valen nada, que no son capaces de lograr nada, ni siquiera de tener el control de sus actos, libre y sanamente elegidos. Por eso permanecen brincando entre la irresponsabilidad y la culpa. Además, es muy difícil ser responsable de una persona que ni siquiera se sabe quién es, cuánto vale, qué le pertenece, qué no: UNO MISMO. Si no sé mis límites, lo que me define y lo que soy, no lograré saber cuáles son mis responsabilidades. Pero siempre recuerda que la mayor de todas las responsabilidades es: RESPETARNOS A NOSOTROS MISMOS. Partiendo de esto, la CONGRUENCIA y la claridad irán llegando poco a poco y, con ella, la AUTONOMÍA.


Si eres codependiente intenta comprender que:

1.- Nadie viene a este mundo por la razón, ni con la obligación, de cumplir las expectativas de nadie.
2.- Todo ser humano puede y debe, por sí mismo, vivir una vida completa, plena, con un sana autoestima, con respeto, dignidad y entera responsabilidad de los propio actos... Date cuenta que asusta más no tener el control de la propia vida que aceptar ser responsable de ella (de todos modos se es).
3.- Tu codependencia puede tener su origen, entre muchas otras cosas, en un fuerte sentimiento de culpa, el cual, a través de ella, busca resarcir los daños o enmendarse. Pero eso es un error: nadie puede culparte por sus errores o circunstancias. No caigas en lo mismo ni te conviertas en lo que, obviamente, rechazas (porque te hiere y te obstaculiza). Si tú no causaste algo, tampoco podrás ser el salvador o quien lo arregle. Y si te has equivocado, no vivas revolcándote en el arrepentimiento y la culpa, pues no sirve mas que para hacerte daño y hundirte más. El pasado no se puede cambiar, pero puedes hacer algo mucho mejor con él: aprenderle. Sí, aprende de tus errores y enfócate en descubrir lo que deseas para tu vida y trabaja en ello. Deja de culpar a lo externo sobre tu infelicidad, pues te quedarás sentado(a) esperando a que el mundo cambie para poder ser feliz. Tira lo que no te corresponda y trabaja en lo que sí.
4.- Tu codependencia también puede manifestarse en el hecho de que dudas de ti mismo, de tus juicios y, por ende, de tu valía y del sentido de tus acciones. Claro que dudas, pues has permitido que el sentido de coherencia dependa de lo que otros opinen (pues te parecía más cómodo) Primero tienes que buscarte y encontrarte, luego conocerte. Cuando lo logres sabrás quién eres y cuáles son tus verdaderos pensamientos, sentimientos y perspectivas de vida. Ya dentro de éstos, sabrás cuáles son sanos, los que te ayudan a crecer y mejorar tu calidad de vida, a valorarte y respetarte, a hacerte escuchar. Así ya no dudarás.
5.- Debes recordar que toda persona, por el simple hecho de serlo, tiene un valor único, total, y no debes dejar que nada ni nadie interfiera con él. Tienes todo el derecho y la responsabilidad de permitirte ser querido por los demás, respetado, escuchado y valorado.
6.- Ya en otros artículos (como en el de Autoestima) hemos hablado de una característica fundamental de todo ser humano: la capacidad de aprendizaje. Bien, pues confía en ella y úsala de ahora en adelante para lograr tu auto-confianza y autonomía: ya que has sido honesto(a) contigo mismo(a) y has aceptado que tienes una personalidad codependiente, trata de identificar su origen. En ese momento confróntalo de una vez por todas y deséchalo, no te sirve vivir con tantos miedos de ser tú mismo. Será difícil pero no imposible: empieza por entrenarte en lo siguiente: a) Haz un esfuerzo por ubicar tus reacciones y pensamientos más comunes ante “aquellas” situaciones que evidencian tu codependencia. b) Intenta verte desde afuera cuando estés en una situación así y haz un alto antes de reaccionar. Rápidamente elige una forma de reaccionar distinta a la que sueles hacerlo. Elige una más honesta, que te surja del corazón, no del pensamiento (esquemas mentales a los que estás acostumbrado). A veces lo lograrás muy fácil, otras te costarán trabajo, y otras no lo lograrás. No te preocupes, ni te desanimes. Esos esquemas mentales culpígenos y confusos los aprendiste, y como todo lo aprendido, puede ser desaprendido cuando tú así lo decidas. Fuiste entrenado para funcionar así (directa o indirectamente –tampoco es tu culpa), pero ahora puedes entrenarte para funcionar mejor, y esa sí es tu (maravillosa) responsabilidad: entrenarte conscientemente para actuar, pensar-te, y vivir-te de una forma sana, individual, en el respeto y la auto-confianza. Todo entrenamiento requiere práctica, voluntad y paciencia, empieza de una vez.

*Si tu codependencia es de alto grado y tú y con quien te relacionas así tienen problemas graves, como las adicciones, abusos (físicos, sexuales, verbales, psicológicos, etc.), podría ayudarte mucho acudir a psicoterapia y/ o a grupos de apoyo o autoayuda como Alcohólicos Anónimos, Neuróticos Anónimos, centros de ayuda diversa como: personas golpeadas, víctimas de violación, etc. Infórmate a través de las instituciones gubernamentales que te correspondan.

Escrito por El Consejero a las 12:21 p.m. |

miércoles, septiembre 28, 2005

REGRESAMOS

Hola a todos:

Les recordamos que ya estamos dando consultas vía e-mail
. Agradecemos su comprensión y paciencia.


Atentamente

Equipo

Buenos Consejos

Escrito por El Consejero a las 2:53 p.m. |

miércoles, junio 01, 2005

Posponer

¿Alguna vez te has encontrado “sacándole la vuelta” a algún asunto?, ¿Eres de los que te propones hacer algo y no lo cumples o no lo terminas?, ¿Haces lo urgente y dejas atrás lo importante?

Quizá tú seas una persona que ha adquirido el hábito de posponer, pero no entendido como una habilidad que te permite administrar tu tiempo y tus esfuerzos, sino como una forma de evitar la ansiedad.

¿Por qué la gente pospone?

Hay dos tipos de posposiciones, las constructivas y las destructivas, y a su vez, dos razones por las que la gente pospone.

Las posposiciones constructivas se distinguen por permitirle a quien pospone, la posibilidad de alcanzar un bien mayor al que ha dejado para después, o permitirle prepararse adecuadamente para realizar la tarea en un futuro próximo. Es decir, que se pospone como una forma de permitirse la “acción” de hacer algo más importante y/o de mejor forma. El motor es el deseo de afrontar, de una mejor manera, los retos más importantes de la vida.


Las posposiciones destructivas son aquellas que se hacen para “no hacer”, y están encaminadas a eliminar (temporalmente) la ansiedad que nos produce la inseguridad de ciertas situaciones, dejándolas para después. Es decir, que el que pospone deja de hacer lo importante por hacer otra cosa que no lo es tanto, pero que no le estresa. El motor de este tipo de posposiciones es el miedo y la inseguridad
.

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El peligro de posponer destructivamente

Lo queramos o no, siempre habrá situaciones que nos causarán ansiedad y nos harán sentir inseguros; pero existen dos alternativas: 1.- trabajar, practicar y prepararse para confrontarlas o, 2.- evitarlas.
Desgraciadamente, no todo aquello que nos significa inseguridad puede evitarse sin tener pérdidas importantes para nosotros: hay cosas que no nos gustan, pero que tenemos que hacer si queremos conservar aquellas otras cosas que sí nos gustan.

El peligro de posponer destructivamente es que, cuando lo hacemos para evitar la ansiedad que nos produce confrontar las situaciones de estrés e inseguridad, y evitamos temporalmente algo importante, tarde o temprano nos veremos ante la misma situación pero con la desventaja de tener una acumulación de miedo y ansiedad; y lo peor: con una autoestima debilitada y aun menores posibilidades de afrontar correctamente aquellos retos.


A continuación, veamos dos ejemplos que nos permitirán entenderlo mejor. El primero tratará de un asunto que tal vez a muchos de nosotros nos resulte familiar: las exageradas consecuencias por haber evitado un miedo específico y de poca complejidad. El segundo ejemplo nos permitirá conscientizarnos sobre lo absurdo y dañino de sucumbir (y “posponer-nos”) ante múltiples miedos y falsos conceptos sobre nosotros mismos y los demás en las relaciones de pareja.

No necesito ir al dentista

Un hombre experimenta un dolor de muela. Sabe que sería recomendable ir al dentista para que lo revisen, pero siempre ha temido la anestesia y pospone su cita argumentando que no es para tanto; “no necesita ir al dentista”. Se siente bien durante un tiempo porque la ansiedad de recibir la inyección y que le duela no está presente.

Días después, mientras come un helado, sufre un dolor agudo y se percata que su muela ha sido sensibilizada por el frío, lo que indica que la caries que tiene ahora es más profunda. Piensa en hacer la cita, pero el miedo sigue presente y decide probar un remedio casero “buenísimo” que le recomendaron.

Pasan las semanas, y obvio, el dolor aumenta, ahora hasta el aire le produce dolor –uno mucho más intenso que el de una simple inyección-, razón por la cual, además, ha dejado de lavarse bien los dientes pues la abrasión de la pasta y el agua aumentan el dolor; pospone la cita hasta que no puede más y cuando llega a su consulta, el dentista le informa que el daño en su muela ya no se arregla con una simple curación, sino que ahora es necesaria un endodoncia, un procedimiento que consiste en extirpar el nervio. Además, la falta de higiene ha provocado más caries en otros dientes y, por supuesto, toda la curación ahora es mucho más dolorosa, prolongada y costosa. Lo más triste del caso: él es responsable de tener que recibir semejante curación, pues llegó a tal extremo por posponer su caso destructivamente.

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El amor no es para mí

Un adolescente ha pospuesto el hablarle a la niña que le gusta porque le causa inseguridad y ansiedad ser rechazado. Argumenta que por el momento es más importante concentrarse en la escuela que perder el tiempo en buscar una noviecita; pero en el fondo sabe que él desea relacionarse y que el dedicarse a sus estudios no es lo que lo motiva a aislarse, sino el miedo.

Durante un tiempo él no se siente ansioso porque ha pospuesto la situación que lo estresa, pero no pasa mucho hasta que nuevamente encuentra a otra chica que le gustaría conocer. La ansiedad regresa y en mayor medida, pues sabe que una vez lo intentó y pudo más el miedo que las ganas. Ahora no sólo siente miedo, sino la presión de que los demás adolescentes de su edad ya tienen novia. Decide nuevamente posponerlo para sentirse temporalmente mejor, encontrándole todos los defectos a la nueva chica cuando en realidad le encanta. Nuevamente, durante un tiempo se siente bien pero en el fondo acumula miedo y ansiedad; aparte se debilita su autoestima porque siente que no tiene las habilidades de los demás.

Una vez más aparece otra chica y ahora él, con baja autoestima y una bomba de ansiedad, sufre enormidades tratando de decidir si esta vez le hablará o no. Decide, a pesar de todos sus miedos, hacerlo, pero obvio, nunca lo ha hecho y es torpe y está súmamente nervioso porque ese evento no sólo significa hablarle a una chica sino comprobar de una vez por todas si “es capaz de ligar -como cualquier otro”. La chica nota en él nerviosismo, la torpeza y la rigidez; y lo rechaza.

El adolescente se siente abolido e incapaz (y de hecho hasta que no practique y confronte sus miedos, lo será): se ha hecho “realidad su peor miedo”: se cree y se autodenomina “incapaz de ligar”. Renuncia a hablar con las mujeres para siempre, justificando que “el amor no es para él”. Sin embargo, no es porque lo haya marcado el destino, sino porque –por posponer- nunca se ha dado la oportunidad ni el permiso de equivocarse y aprender algunas habilidades como: saber conversar, dar algún regalo o detalle, decir un cumplido, etc., podría aprenderlas y practicarlas con sus amigas.

Asimismo debe tener en cuenta que si en algún intento de ligue las cosas no le salen como quisiera por haber estado nervioso y temeroso, no pasa nada, no es el fin del mundo, al contrario, puede aprender de ahí muchas otras cosas: que es mejor no andar pensando en lo que puede salir mal ni en lo que los demás le dicen que debe mostrar, sino en relajarse y dejar que las cosas tomen su curso, dando él lo mejor de sí, siendo espontáneo y creativo. Así, permitiéndose interpretar el intento fallido como una práctica, consciente de que siempre que queremos aprender lo logramos, irá mejorando sus habilidades en lugar de tomar los fracasos como hechos determinantes de incapacidad.

Por último, ¿cuándo se vale posponer?

Se vale posponer –constructivamente- cuando: nuestra integridad corra peligro, cuando la situación a confrontar requiere de mejor preparación de nuestra parte y no hay repercusiones si uno se toma el tiempo para hacerlo, y cuando evitar el objeto de ansiedad no afecte nuestra vida ni nuestras metas.

Ejemplos:

Se vale posponer el trabajo cuando uno está enfermo, incapacitado o agotado (tienes la obligación de cuidar tu salud).
Se vale posponer un plan de dar clases si uno requiere prepararse más para impartirlo.
Se vale posponer el superar un miedo cuando el objeto de ansiedad no es probable que se nos presente: si temo a las pirañas y vivo en la Ciudad de México pues no vale la pena invertir el dinero y tiempo en tomar un curso para superar esa fobia ya que es muy poco probable que me encuentre con una, seguramente habrá cosas más importantes que hacer antes.


Resumiendo, las posposiciones constructivas nos ayudan a alcanzar nuestras metas y nos capacitan para conseguirlas, llevándonos al crecimiento personal y fortaleciendo nuestra autoestima. Las posposiciones destructivas nos alejan de nuestras metas y agudizan la ansiedad que provocan las situaciones que nos causan inseguridad, afectando nuestra autoestima; y esto nos va sumergiendo cada vez más profundo en tremendo círculo vicioso.

¿Te gustaría saber más?, ¿Has adquirido el hábito de posponer destructivamente?, ¿Te gustaría que te ayudemos personalmente?, ¡Consúltanos!, Haz clic aquí

Escrito por El Consejero a las 1:23 a.m. |

viernes, mayo 27, 2005

Nuevos Horarios de Consulta

A partir del lunes 23 de mayo los horarios de consulta vía chat serán:
lunes y miércoles: 5 - 7 p.m. y
viernes y domingo: 6 - 8 p.m.
(Hora Ciudad de México)

Saludos
Equipo Buenos Consejos

Escrito por El Consejero a las 5:54 p.m. |

miércoles, mayo 25, 2005

Mejoramos

Hola a todos los amigos:

Es un gusto anunciarles que desde el principio de esta semana hermos mejorado la navegación y modificado los horarios de consulta; ahora es más fácil obtener un buen consejo. Gracias a todos los que nos han confiado sus casos, es un placer ayudarles.

Aténtamente

Equipo

Buenos Consejos

Escrito por El Consejero a las 4:13 p.m. |

miércoles, mayo 04, 2005

El Perdón

¿Qué es el perdón? ¿Te confunde todo lo que se dice sobre este tema? ¿No sabes si has perdonado verdaderamente a alguien? ¿Sientes que necesitas perdonar a alguien para sentirte bien pero no sabes cómo hacerlo?

Definir el término “perdón” es complicado, si no es que imposible, pues más que una palabra es una acción, una vivencia personal.

Una forma sencilla de plantearlo es explicando sus características, y empezaremos por mencionar lo que el perdón no es, luego lo qué sí, cómo lograrlo y, por ultimo, algunos casos específicos y las dudas al respecto.


No es

Sí es

Olvidar. Las únicas razones por las cuales podemos olvidar nuestras experiencias –en especial las más relevantes, ya sean positivas o negativas- son: amnesia, lagunas mentales y AlzHeimer. Siempre tenderemos presente la agresión, el engaño o la traición de que fuimos víctimas.

Consciencia. Hay que estar conscientes del hecho, para poder hacer algo al respecto. El reto es justamente lo que hacemos con ello.

Rechazo / Negación. Esto lo único que hace es evadir el problema en lugar de confrontarlo, y sólo lo hace más grande y nuestro rencor más fuerte. Acabaremos por sentirnos abrumados y no seremos capaces de ver la realidad con claridad.

Aceptar que las cosas sucedieron es la única forma –y el primer paso- para lograr un cambio; no de lo que te hicieron, pero sí de la frustrante situación en la que te encuentras y de tu perspectiva y actitud ante la vida.

Aprobar. Perdonar una agresión no es aprobarla. También se confunde aprobar con aceptar. No tienes que estar de acuerdo con lo que te han hecho.

Aprendizaje. Esto es lo que sí puedes –y debes- hacer. Identificar hechos, situaciones, formas y acciones (y sus consecuencias) que no te gustan, que te lastiman y que no quieres en tu vida.

Resignación / aguante / volver a lo mismo. Nadie tiene por qué soportar cosas con las que no está de acuerdo y/ o le hacen daño. Al saberlo y permitirlo sólo te estás dañando tú, amplificando el daño que ya recibiste.

Decisión. Ahora debes decidir qué es lo que quieres y qué no; cuáles son tus pasos a seguir y llevándolos a cabo. Recuerda que para esto necesitas voluntad, la cual, es “deseo” más “compromiso”. Sé coherente.

Colectivo / Público. Muy al contrario de lo que se piensa, el acto del perdón le compete únicamente al agredido y, si éste lo desea, al agresor. Nada ni nadie puede interferir en esto: ni sentimientos de culpa, prejuicios, obligaciones, etc..

El agresor puede nunca solicitar el perdón de su “víctima” y aun así, ser perdonado; incluso puede no enterarse después del perdón que le han otorgado.

Individual / personal / Íntimo. Este es un punto muy importante. Elegir perdonar a quien nos ha lastimado es un acto íntimo, emocional y espiritual, elegido para liberarnos de una carga y de rencores. El agresor puede no enterarse nunca de que ha sido perdonado (aunque es recomendable, y eso puede ayudarnos a cerrar el proceso).

Esperar un cambio. Es un error creer que al perdonar a una persona y a sus actos vamos a lograr un cambio en ella. El perdonar difícilmente se convierte en una lección para el agresor. Si lo perdonamos creyendo que con “tan noble gesto” aseguraremos el hecho de que no nos vuelva a dañar, es un acto falso y una pérdida de tiempo.

Cambiar uno mismo. El qué sí logra un cambio es el que perdona, un cambio en sí mismo. Al hacerlo logramos seguir adelante con nuestra vida, habiendo aprendido a dejar atrás lo que no nos sirve y sólo nos daña y nos sume.

Paralizarse. No perdonar puede tener un alto precio. Dejarnos estancados al no superar los rencores, miedos, traumas, complejos y sentimientos de culpa que el acto agresivo fomentó en nosotros. Pero todo a su tiempo y a su ritmo, si lo intentas hacer sin estar convencido, no podrás, y caerás en un círculo vicioso de ansiedad y más miedos y rencores.

Liberarse. El objetivo de perdonar es liberarnos del pasado, de factores dañinos, tristes y saboteadores, y de personas –tal vez- disfuncionales y relaciones inconvenientes. Los rencores, el resentimiento y la “autovictimización” (auto-nombrarnos mártires), sólo nos estancan, y hasta nos hacen retroceder y cambiar nuestra perspectiva de vida por una más negativa y amenazante. Esto va a llevarnos a tomar malas decisiones en la vida, basadas en incorrectos argumentos y prejuicios, resultando aun más perjudicados que en un principio.

Demeritar / pasar por alto / permisividad. Una creencia o idea que suele impedirnos a nosotros mismos tener la intención o el deseo de poder perdonar es la de: “Si lo perdono, parecerá que apruebo sus actos, o que no fueron tan dañinos como en realidad lo fueron, o que no tienen tanta importancia” ;“¿se lo merece o no?”. Recordemos que el perdón poco tiene que ver con el agresor. Va más allá del juicio valorativo de sus actos y de nuestra propia escala de valores. El perdón es el verdadero alivio del ofendido.

Seguir adelante. El que hizo daño ya no puede regresar el tiempo y evitarlo; el agredido tampoco. Lo único que se puede hacer es tomar una decisión sana y funcional que nos permita seguir adelante, llevando una vida hasta mejor de lo que era antes. Algo todavía mejor sería sublimar el dolor: en lugar de usarlo de excusa para no confrontar los hechos, aprender de ello y usarlo como base para otro tipo de experiencias: ayudar a víctimas en situaciones similares, estudiar al respecto, etc...

Perdonar no es demeritar el daño, sino desprenderse de él. Y en el mejor de los casos, hacer algo bueno con él.


Con base en el cuadro anterior podemos definir el perdón como: un acto íntimo por parte del agredido con el fin de liberarse de rencores que lo sumen más en el dolor y lo aleja de la sensatez y la funcionalidad. Empieza con la aceptación de los hechos, pasa por la convicción y la voluntad y culmina en la propia liberación.

DUDAS FRECUENTES EN DETERMINADOS CASOS:

Entonces, si perdono a mi pareja por haberme sido infiel, ¿significa que volvamos o sigamos juntos?

No necesariamente. Ya vimos que perdonar no implica una dinámica directa on el agresor. Hay personas que después de haber sido víctimas de un engaño o traición, vuelven y se casan y viven juntas toda la vida, ¡sin haberse perdonado! Y se dedican, consciente o inconscientemente a “cobrárselas” o a castigar al otro.

Por lo tanto, una persona puede perdonar las traiciones de y a su pareja, pero decidir cortar relaciones con esa persona, por no desear convivir con alguien con un “historial” o una tendencia a la traición. Y pueden encontrarse de vez en cuando y saludarse con verdadera estima y gratitud por los buenos recuerdos. Claro, también pueden perdonarse y decidir volver a confiar mutuamente en el otro (la confianza es igual que el perdón: nadie se lo gana, uno elige darlo), y vivir juntos de manera honesta.


Pero, ¿hay actos imperdonables?

No. Lo “perdonable” está en quien perdona, no en el agresor. Por supuesto que hay daños mucho más profundos que otros; también hay diferencia entre defectos (suelen ser permanentes y los demás deciden si aceptarlos y tolerarlos o no) y traición; asimismo, hay personas que se equivocaron y lo aprenden y no vuelven a hacerlo, y otras tienen la tendencia a hacerlo recurrentemente. Hay casos más fáciles de asimilar y comprender que otros, y aquí cabe mencionar lo importante que es “contextualizar” un caso. Hay situaciones específicas muy complejas y difíciles en las que es fácil cometer errores; otros actos se cometen deliberadamente y sin justificación ni explicación aparente. Claro que no es lo mismo que alguien te deje plantado a que alguien asesine a un familiar. Pero el perdón siempre está esperando a que alguien lo quiera otorgar. Y reiteramos, no lo otorga realmente al agresor; no es una recompensa (como tanto se cree): el que perdona, realmente se otorga ese beneficio a sí mismo, como un auto-regalo o una compensación, para desprenderse de la ofensa y poder seguir adelante.

Hasta aquí podemos explicar y definir; lo demás corre a cargo de cada persona, de sus actos y de su situación. Algo que debes tener muy en cuenta es que para poder “ingresar” en el proceso del perdón debes “soltar” las cosas y las emociones, no las reprimas, pues si lo haces te bloqueas e impides el proceso. Éste es por convicción, y para lograrlo necesitas empezar por ser coherente, por integrar tus emociones con tus pensamientos y tus actos, darte tiempo y tenerte paciencia.

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Escrito por El Consejero a las 12:15 p.m. |

miércoles, marzo 30, 2005

Cuerpo, mente y ansiedad

¿Conoces el papel del cuerpo en la ansiedad?, ¿Te has sentido ansioso sin razón aparente?, ¿Sabes como controlar la ansiedad?

Los seres humanos somos cuerpo y mente, sabemos muy bien que cuando logramos ciertos estados mentales podemos llevar a nuestro cuerpo a un mejor desempeño. Sin embargo, a veces se nos olvida que la regla también opera a la inversa: el estado de nuestro cuerpo también tiene -para bien o para mal- influencia sobre nuestra mente.

Esto puede parecer obvio en casos extremos, como cuando no podemos pensar correctamente por utilizar en nuestro cuerpo drogas o abusar del alcohol, pero casi nunca reparamos en que la acumulación de cosas más sutiles, también puede producir estas alteraciones.

Los descuidos frecuentes con nuestro cuerpo como no alimentarnos bien, mal dormir, no hacer ejercicio, el abuso de los estimulantes como el café, el tabaco o el azúcar, al igual que el exceso de trabajo, computadora o televisión, pueden llevar a nuestra mente a un estado alterado impidiéndonos funcionar correctamente.

Es por eso que muchas veces nos hemos llegado a sentir ansiosos, o nerviosos sin razón aparente, ya que cuando analizamos nuestro interior, encontramos que no hay razones - una presión, un evento o un pensamiento- que justifiquen la sensación. Todo es consecuencia de un cuerpo en mal estado que altera la mente, como un coche que no tiene bien sus niveles de aceite o agua y falla en consecuencia.

Este estado del cuerpo que contamina la mente, la podríamos denominar como “estado de ansiedad física”, y lo más peligroso es que suele crear círculos viciosos en la presencia y en la ausencia de la ansiedad emocional (la que se origina en nuestra mente como una reacción a cuestiones externas de tensión).

En la presencia de la ansiedad emocional, tendemos a descuidar nuestro cuerpo induciendo así, aún mayor ansiedad con nuestro cuerpo. Un ejemplo: cuando tenemos problemas amorosos dejamos de comer o lo hacemos en exceso, dormimos poco y abusamos del alcohol y el cigarro, profundizando el malestar y creando un círculo vicioso. Por otro lado, si no existe ansiedad emocional, cuando experimentamos ansiedad física y no sabemos que es causa del maltrato al cuerpo, tendemos a preocuparnos porque no identificamos la causa de la ansiedad, lo que genera otro círculo vicioso de sentirse ansioso por sentirse ansioso.

Es por esto que es muy importante conocer bien nuestro cuerpo e identificar qué acciones nos pueden llevar a ponernos ansiosos “físicamente” y evitarlas a toda costa para que nuestra mente funcione correctamente y nos permita, aún en la presión y la ansiedad, recuperarnos pronto, precisamente porque en esos momentos es de vital importancia contar con nosotros mismos.

Al lograr esta consciencia, podemos ser capaces de evitar estos círculos viciosos; y no sólo eso, también utilizar nuestro cuerpo para reducir la ansiedad emocional a través de la relajación, el ejercicio, la respiración y el bienestar físico.

Recuerda que si bien somos cuerpo y mente, no están separados, y el equilibrio y bienestar en ambos es vital para controlar la ansiedad y gozar de un mayor bienestar.

¿Quieres saber más?, ¿Has tenido problemas a causa de la ansiedad?, ¿Quieres que te ayudemos personalmente?, ¡Consúltanos!, Haz clic aquí
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Escrito por El Consejero a las 2:51 p.m. |

lunes, marzo 14, 2005

Personas Violentas

¿Algún familiar, amigo o novio (a) se comporta algunas veces de manera extraña contigo? ¿Sientes miedo o ansiedad cuando está cerca, cuando te llama o cuando alguien habla de él / ella? ¿Crees que podría hacerte daño pero te cuesta trabajo creerlo?

Quizá estés en presencia de un agresor en potencia (o incluso ya activo) y debes estar alerta y protegerte antes de que decida dar el siguiente paso. ¿Cómo reconocerlos?

Hay muchos tipos de agresores, y su niveles de violencia y las formas en la que la llevan a cabo son muy variados y extensos, pero hay conductas y actitudes básicas que pueden ponerte sobre aviso. Una característica que suelen compartir es la baja tolerancia a la frustración. Esto es cuando una persona no es capaz –o lo es muy poco- de manejar y superar las frustraciones (sensación de impotencia y ansiedad que se produce al no conseguir lo que se desea) que tiene en la cotidianidad, ya sea sobre mínimos detalles o en cosas importantes. Esta condición los lleva a desarrollar una profunda necesidad de control sobre lo que les rodea: trabajo, objetos, actividades y, sobre todo, con las personas, en especial con las más allegadas (esposa/o, novia/o, hijos, amigos) por la constante convivencia y los lazos emocionales. Por consiguiente, su personalidad suele presentar estas características:

Obsesividad. Dicha necesidad de control los hace establecer parámetros y formas muy rígidos de relacionarse con el mundo. Su flexibilidad es mínima. Les es muy difícil adaptarse a los cambios (en todos los ámbitos), incluso los no permanentes; es decir, las cosas y las formas de hacerlas deben ser constantes. La entropía (caos) y la incertidumbre de la vida cotidiana –en especial en las relaciones interpersonales- les causa conflicto y aumenta su ansiedad. Por esto, “necesitan” que quienes se relacionen con ellos tengan o adopten la misma rigidez, aunque en el sentido y el rol que ellos decidan imponerle al otro. Por lo tanto, otra características es:

Imposición. Dada su necesidad de dominación y control, estas personas adjudican e imponen los roles en su relación (no siempre de forma consciente). Él domina, y el otro (quien será el receptor principal –codependiente- en esta dinámica) debe ser el que lleve a cabo la de obediencia, sumisión o expiación. Esta dinámica es alternante: el victimario arremete contra la víctima y luego invierte los papeles; ya sea al argumentar que la “víctima” lo “hizo” reaccionar así (y ahora él es la “víctima”), o defenderse culpando a factores externos de afectar su conducta (también volviéndose “víctima”) y estando el perdón a merced del agredido. La imposición puede manifestarse de distintas formas y de manera paulatina: puede comenzar al imponerse sólo en cuestiones de qué hacer, adónde ir, qué comer, qué película ver, etc., hasta golpear al otro si no se viste, dice, hace y reacciona como el agresor quisiera.

Cambios bruscos de humor. Esto no significa que una persona que esté un día de buen humor y al siguiente no, ya es un agresor peligroso. No. Cualquiera puede tener días más complicados y tediosos que otros, sobre todo en las ciudades. A todos nos pasa. Esto se refiere a personas que, en una misma situación, cualquier detalle o cosa sin aparente importancia puede hacerlos reaccionar abruptamente, cambiar su conducta o actitud en segundos y de formas extremistas (de la mayor ternura a la ira, de la indiferencia a la obsesión, etc., y viceversa).

Cuando el control se les escapa de las manos, una de las formas más comunes de intentar recuperarlo es mediante acciones violentas. La agresión puede ser pasiva o activa (en esta ocasión nos enfocaremos en la activa).Cuando un agresor en potencia comienza a manifestar los “síntomas” lo hace de forma progresiva: al experimentar frustración puede cambiar bruscamente de humor, colmarse de ira, pero retiene o reprime la mayor parte de ésta y puede sólo golpear objetos, o agredir al otro verbalmente. Luego se retrae. La siguiente ocasión frustrante va a comenzar donde quedó la anterior: Ya gritó, ya insultó, ahora talvez aviente objetos, incluso directamente a su “víctima” (golpear a distancia). La próxima vez quizá ya golpee directamente a la víctima, abuse de ella, etc., cometiendo todo acto mediante el cual el agresor satisfaga su necesidad de control.

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Una forma muy común de violencia es la de chantaje – amenaza: cuando el agresor intenta chantajear para obtener lo que quiere, tanto de suicidarse como de meter al otro en un problema o hacer daño a otros seres queridos. La forma más peligrosa de esto es cuando la amenaza puede cumplirse en ese instante y en presencia de los amenazados: ir manejando y acelerar cada vez más hasta que el otro ceda a sus peticiones. Recuerda que no sólo se violentan con quien le causó un disgusto o insatisfacción, sino que desquitan toda su frustración (sobre lo que sea) con la/s “víctima/s” comunes que hayan elegido.

Después del acto violento puede venir la ya mencionada alternancia de roles: rogar por el perdón, culpar al otro de su conducta, justificarse, jurar que nunca volverá a pasar, etc. No lo creas; esto no es cierto: volverá a pasar y cada vez será peor. No suelen escuchar lo que no quieren. No intentes razonar con ellos; no servirá.

Si detectas una o varias de estas características ten cuidado, pues algunos son extrovertidos, otros aislados, divertidos y activos, y otros pasivos; es difícil distinguirlos a la primera (son muchísimas las variables en este problema), pero tarde o temprano van a mostrar esos cambios de humor o ese carácter impositivo. Si ya eres parte de una dinámica así, busca ayuda profesional (es una dinámica muy compleja y variada), no tienes por qué ser parte de eso, nadie lo merece. Si no lo eres, protégete. Sé observador(a). No esperes a que te hagan daño.

Mas información en: http://www.pgjtabasco.gob.mx/paginas_contenido/violencia_fam.htm

Escrito por El Consejero a las 12:29 a.m. |

viernes, marzo 11, 2005

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Escrito por El Consejero a las 5:55 p.m. |

 

 

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